Subida desde Uña por el PR-CU 37 a la cornisa de La Raya
Accesos: Por la CM-2105 desde Tragacete o Villalba de la Sierra como en nuestro caso, aparcamos a la entrada del pueblo junto a los juegos infantiles.
Salimos desde el pueblo de Uña pasando por la antigua central hidráulica.
A principios del siglo XX, las obras de acondicionamiento de la Laguna de Uña para abastecer de agua a la central y al posterior salto de Villalba de la Sierra, modificaron por completo el entorno natural; la barrera tobácea original (travertino) se cerró y quedó completamente seca durante casi 100 años. La Junta de Castilla-La Mancha ejecutó un plan para restaurar el aporte de agua a la cascada natural, utilizando los antiguos aliviaderos de la laguna, acondicionando un mirador a la cascada de los travertinos.
Torcemos a la izquierda cruzando el puente del canal Uña-La Toba;
dejamos la pista e iniciamos en pocos metros el ascenso por el PR-CU 37 hacia La Raya entre bojes, robles, pino negral, arces, majuelos, cornicabras, enebros, carrascas y sabina negra.
A medida que vamos tomando altura en sendero se vuelve cada vez mas accidentado y nos va regalando imágenes panorámicas de la Laguna de Uña y su entorno.
Alcanzamos el cortado de la Raya de apreciable longitud, producto de la erosión diferencial de la roca caliza, tan marcada resulta que podemos caminar por ella;
por la izquierda se puede acceder también a su entrada,
descendiendo de la Muela encajonados entre dos paredones, constituía un paso fundamental para comunicar el pueblo de las Majadas con Uña, cuando el Arroyo de la Madera se desbordaba; este paso era usado por los lugareños para trabajar en la Muela de la Madera obteniendo diversos productos forestales para su consumo o venta.
Nos desplazamos hacia la derecha recorriendo la cornisa o “raya”;
tomamos la fruta con las apabullantes vistas que nos ofrece este enclave de privilegio
y damos la vuelta por falta de paso;
las plantas rupícolas,
al igual que los buitres, tienen aquí un paraíso
y tienden a defecar la cabrá montés mientras descansa o vigila.
El descenso, igual de laborioso,
nos deja de nuevo en el puente sobre el canal Uña-La Toba, construido en la década de 1920, este canal de agua transcurre colgado sobre los imponentes cortados de la Hoz del Júcar; pasado el mismo, lo seguimos por su margen
rodeando las instalaciones de la central y la Laguna de Uña;
las vestiduras otoñales embellecen un paisaje impactante;
dejamos atrás un templete o cenador en una zona ajardinada
y alcanzamos la casita con ruedas. Marchamos a comer muy bien al Hotel Restaurante Agua-Riscas.

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