Las Lentiscosas-Trasvase Tajo-Segura-Rambla de Belén

 


Accedemos desde la A-7, Salida 586, vía de servicio a la rotonda hacia Barqueros RM-C19, tras 1,75km, aparcamos a la izquierda en pista de tierra.

Seguimos a pie por la pista durante 1km, 

hasta el inicio del descenso a la Rambla de Belén, limite municipal entre Sangonera la Seca (la pedanía más extensa de Murcia con 74,2 km²) y Librilla en el valle del río Guadalentín.

Cruzando la Rambla de Belén por la que volveremos, ascendemos hacia la Loma del cabezo y giramos a la derecha, pasando por el paraje rural con las casas diseminadas de las Lentiscosas; área agrícola y residencial compuesta por fincas de explotación (principalmente limoneros) y casas de fin de semana.

Al final de la zona residencial, cortamos en ligero ascenso el Cordel de Librilla a Lorca; 

al final de la subida, con grandes vistas sobre el paisaje de badland, con la erosión condicionada por fracturas verticales en los materiales margosos del Mioceno superior;

Realizamos 765 m por el camino de servicio del canal al acueducto del Trasvase Tajo-Segura, 

torcemos unos metros a la derecha, 

para iniciar el abrupto descenso 

hacia el fondo de la Rambla de Belén por la trazada con huellas de las motos endureras, 

y un par de “frailes”, pináculos terrosos de tintes rojizos debido a la arcilla.

Exploramos brevemente bajo una cornisa de arenisca 

y observamos sucesivamente la erosión alveolar, 

en un paño de pared pleno de fenómenos geológicos, producidos por la acción erosiva de los agentes atmosféricos; 

mas adelante, una franja estratificada corta transversalmente el cauce, 

tras un corto tramo donde el barro comienza a tomar presencia, pasamos por una yesera messiniense cuyas incrustaciones sobresalen relucientes del suelo.

Seguimos por zonas donde el barranco se va encajando sobre las margas y margocalizas marinas, que le dan un aspecto grisáceo distinto del resto, 

nos dedicamos a poner nombres a las sugerentes formaciones rocosas que nos salen al paso como la tortuga o el narigudo.

Cruzamos un estrecho precioso, con su hilillo de agua y altas paredes, sobre un lecho firme de piedra. 

Seguimos nuestra marcha, sorteando obstáculos y vadeando sin tregua e intentando no perdernos detalle, 

cuando vemos otra chimenea de hada, “El Monaguillo”, ya que es como un “fraile” pero en pequeño; 

torcemos a la izquierda, para salirnos de la rambla a la llanura esteparia, donde nos espera solitario el coche.

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