Ramblas de Sangonera, Pocico y Hiedra
Salimos por pista hacia el sur, giramos a la derecha caminando por el Cordel de los Valencianos; tras 120 m, comenzamos la subida pistera entre vallados de fincas,
a su término, subimos por la derecha, para descender a un ramblizo;
enlazamos con una pista con colmenas; la dejamos por otra abandonada a la izquierda que muere poco más adelante;
cortamos el ramblizo y subimos por la izquierda a la cuerda rocosa con vistas de la Sierra
del Puerto.
Poco más adelante enlazamos con una pista abandonada;
la dejamos para ir descendiendo por sendero definido a la derecha siguiendo una vaguada;
caminamos entre los bancales y el lindero de la sierra para cortar un ramblizo entre cultivos de cítricos;
dejamos la pista en curva pronunciada para descender con precaución al fondo de la Rambla de Sangonera,
nos hacemos foto en el bajo relieve del minotauro.
El rey Minos de Creta había ofendido gravemente a Posidón, Dios del Mar, como venganza hizo que Pasifae, esposa de Minos, sintiese una atracción contranatura por un toro blanco, que la llevó al embarazo;
así nació el Minotauro, un ser violento con cuerpo de hombre y cabeza
de toro, que se alimentaba de carne humana.
Se cierra la rambla
presentando tramos con desplomes,
algún paso estrecho
obstaculizado por troncos de árboles caídos, fósiles incrustado en las rocas
de las erosionadas paredes con relieves caprichosos;
en el
entronque con la cadena de la Rambla del Pocico seguimos rectos por su lecho;
cambiaremos de sentido más adelante, para tomar el sendero de la calzada romana, no es tal calzada, sino una bonita pista con suelo rocoso que se adentra en la
Finca de Las Llanas.
Giramos a la izquierda por sendero degradado;
cuando coge su máxima altura, pasado un mojón, se inicia una poco visible traza senderil a la izquierda; unos metros después se bifurca; el más marcado transcurre por la derecha; seguimos por él en claro descenso hasta alcanzar un cruce;
continuamos por la derecha descendiendo a la Rambla de la Hiedra;
la cruzamos siguiendo la traza marcada ahora con algunos hitos; dejamos esta trazada volviendo al cauce
sorteando todo tipo de dificultades: muros de enredaderas,
arbolado, taludes, pozas de rocas resbaladizas por la acumulación de agujas de pino;
pequeños
desfiladeros, desplomes, etc. a pesar de la salvaje belleza del cauce ramblero,
cada paso representa una pequeña odisea.
Nos “espiamos” a través de un “ojillo de roca” en la confluencia con un ramblizo,
por la derecha conduce hasta una poza;
volvemos sobre nuestros pasos, observando numerosas covachuelas
y disfrutando del recorrido, tan variado para tratarse de una rambla; la erosión de las areniscas ha provocado el derrumbe de una pared,
nos muestra restos de pequeños fósiles incrustados en la enorme roca al paso,
antes
de que se encajone con laterales rocosos plagados de musgo y salpicados de
baladres.
Salimos desde el puente a la pista;
a la derecha hay un cruce, torcemos por la pista de la izquierda, la seguimos durante 360 m
hasta el cruce con el sendero que, por la izquierda, desciende a un ramblizo con dos pozos vallados; cortamos la pista del Cordel de los Valencianos,
volviendo por sendero bajo pinar, ad
ornado con algarrobos y olivos a la finca de partida.
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