Cala Cortina-Baterías Costeras del Frente Izquierdo-Sendero Azul del Puerto de Cartagena-Restaurante Mares Bravas

 


Accedemos al aparcamiento de Cala Cortina desde la A-30 y la CT-33 a la N-343; pasado el Muelle de la Curra y el Túnel de Escombreras, aparcamos a la entrada del paseo de las baterías costeras del frente izquierdo, 

forman parte del impresionante sistema defensivo histórico de la base naval de Cartagena, en la Región de Murcia; vamos a recorrer el tramo nuevo de 445 m, con carteles informativos de las baterías Santa Ana Complementaria, Santa Ana Acasamatada y San Isidoro y Santa Florentina.

Comenzamos por la Bateria de Santa Ana Complementaria, edificada entre agosto de 1888 y 1895, cuya misión consistía en defender la zona media de la bocana del puerto, cruzando fuego con la batería de Trincabotijas Baja. 

Contaba con dos cañones de acero Krupp de 30,5 cm, montados en asentamientos a cielo abierto (tipo barbeta).

En unos metros pasamos frente a la de Santa Ana Acasamatada, su origen es el Fortín de Santa Ana de principios del siglo XVIII. 



De acuerdo con el Plan O’Donnell es reedificado dándole la forma de un original castillete, con gran número de aspilleras para disparos de fusil, pensando que es de fácil acceso para el enemigo que intente dar un «golpe de mano». En Mayo de 1.895 se finalizan las obras por las cuales se construyen la 6 casamatas con bóvedas de hormigón a prueba de bombas para proteger la artillería. En 1945 se denomina con las siglas de C-5. Los seis cañones Ordóñez de hierro entubado de 15 cm con los que disponía sus armas, fueron desartillados en 1956, cuando ya su valor militar estaba muy desfasado.




El camino tuerce a la derecha 

con vistas del Muelle de la Curra 

y las Baterías de San Isidoro y Santa Florentina; 

nacieron como dos asentamientos próximos con nombres distintos, aunque operaron de forma conjunta por su cercanía constructiva, a raíz del Plan O´Donell de Defensa de 1860, 

donde las instalaciones se reformaron por completo, levantando una estructura acasamatada conjunta que unificó ambas baterías. 

Su fachada defensiva de vanguardia se diseñó enterrada y camuflada con el terreno, para resistir los impactos de proyectiles de los navíos enemigos. La parte posterior de las casamatas se construyó abierta al exterior, una técnica esencial para evacuar rápidamente el denso humo de la pólvora tras los disparos.

Enlazamos con el carril compartido y paso del Sendero Azul del Puerto de Cartagena, 

itinerario que discurre por el litoral enlazando playas, puertos o centros de interpretación que han sido galardonados con la Bandera Azul en 2019. A lo largo de su trazado se incluyen, además de las vistas sobre las Baterias del Frente Izquierdo, el Museo Nacional de Arqueología Marítima Submarina, la muralla de Carlos III o los Castillos de la Concepción y de los Moros.

Realizamos una breve parada con vistas del Fuerte de Galeras. En el reinado de Carlos III (1759-1788), se edificaron los castillos dirigidos por los ingenieros militares Zermeño y Llobet: Castillo de los Moros, Castillo de la Atalaya, Castillo de Galeras y Castillo de San Julián. El Castillo de Galeras debe su nombre al tipo de barcos refugiados bajo él, la fortaleza original fue modificándose a medida que cambiaban las técnicas de fortificación, los barcos y las armas; se eleva a 219 m en la cumbre del Monte de Galeras.

Desde los miradores del camino, se percibe así mismo el Espalmador Grande, con sus dos grandes túneles horadados en la roca, para servir de refugio a los buques submarinos en caso de bombardeo de la aviación. Finalmente los túneles fueron utilizados como almacén de material logístico del Arsenal de Cartagena.

Desde otro de los miradores, vemos el enterrado Polvorín 

con vistas del Muelle de Escombreras a la izquierda, al fondo Cabo Tiñoso con las Baterías de Castillitos 

y detrá nuestro la Chimenea de la Peñarroya y el Castillo de San Julián.

Volvemos a pasar por el aparcamiento, 

cruzamos la carretera por no bajar escalones y pasamos bajo la misma 

entrando en el breve paseo marítimo de Cala Cortina;

 



mientras el resto de los componentes esperan en la sombra a que nos preparen la mesa, ya que hemos encargado un Arroz con Bogavante (verdadero objetivo gastronómico rutero que no histórico), en el Restaurante Mares Bravas, 

termino de completar la visita, 

acercándome a las ultimas de las dos calas artificiales que conforman Cala Cortina.




Al carecer de sombras en la mayor parte de su trazado y apretando el calor, hemos terminado a tiempo para empezar tapeando con cervezas fresquitas, a que llegue la suculenta paella; 

a tenor del precio 

y el servicio, la experiencia ha resultado gratificante.

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